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Os propongo parar todo, para recuperar la esencia del Ser Humano

Vivimos la época de la tecno-ciencia, tecno-cracia, tecno-todo. Parece que ahora La Vida solo la sabemos explicar en base tecnológica…
La amenaza de la inteligencia artificial y la robótica apuntan a hacer desaparecer más de 800 millones de puestos de trabajo… suena abrumador y pinta un futuro cercano poco apetecible.

Pero, reflexionemos:

¿Apretar 100 tornillos al día, es una tarea que un Ser Humano debería estar haciendo?, ¿copiar y pegar textos legales de sentencias y dar a un botón para imprimir?, ¿cargar con kilos y kilos de cajas y volverlos a descargar?… y tantos otros ejemplos.
Quizás sea el momento de pensar en el Ser Humano, más que nunca. En nuestra esencia, nuestra razón de ser. Debemos escuchar más que nunca a aquellos que se dedican a estudiar, todos los días, el comportamiento y la razón de ser de nuestra especie. Filósofos, Sociólogos, Psicólogos, Médicos, Sanitarios,… y aquellos que están en primera línea tratando al ser humano en sus conflictos diarios relacionados con su entorno en términos absolutos.
Propongo reflexionar en grupos polivalentes, capaces de aportar el lado del mundo/realidad que NO VEMOS, que no conocemos. Simular esos mundos que no conocemos, para experimentarlos, comprenderlos y compartirlos. Ponernos como objetivo recuperar la esencial de la evolución como especie. Para tal propósito el Ser Humano utilizó y utiliza una herramienta poderosísima:

La comunicación

La comunicación ha sido la herramienta creativa y constructiva más antigua y poderosa que ha usado y utiliza el ser humano. En su forma más primitiva, mediante la vista, el oído y el tacto, hemos sido capaces de crear civilizaciones, de traspasar el conocimiento entre generaciones, y evolucionar la sabiduría, observando, explorando, analizando y haciendo.

La tecnología ha sido y es la forma tangible, el conjunto de herramientas que han facilitado el medio a través del cual la comunicación adquiere su máximo potencial…  Pero la “comunicación” de la que estoy hablando, no es un ente vivo, no actúa por si sola. Necesita al Ser Humano como activador y HACEDOR.
Somos seres omnidireccionales, nuestro espacio natural de interacción con el entorno debería de ser esférico. De ahí que los espacios con inputs multidireccionales enriquecen más las experiencias vitales, que los espacios unidireccionales o bidireccionales. La condición de pensamiento, exploración y hacedor del Ser Humano, nos hace ser curiosos insaciables. Esta es una de las razones para crear el tipo de experiencias inmersivas que propongo como espacios de “entrenamiento, divulgación y educativos”.

Por eso quiero incluir en esta reflexión mi visión sobre las tecnologías inmersivas, capaces de replicar y amplificar la vida, como la forma más natural, eficiente y empática, de convertirse en la herramienta perfecta para reconstruir la esencia del ser EMOCIONAL que somos, para redescubrir lo que nos diferencia ahora y siempre, de lo artificial.
La curiosidad es uno de los principales activadores de la comunicación. Contemplar la Vida, analizarla y compartirla nos completa emocionalmente y nos diferencia. Saciar la curiosidad provoca una EMOCIÓN muy placentera, por eso un comportamiento curioso excesivo, se puede entender como una DEPENDENCIA.
Las emociones enganchan, son parte de nuestra esencia como seres humanos. La curiosidad nos recarga de energía vital, en conexión directa con el universo de las emociones. Un universo complejo, con tendencia a la inestabilidad. Una inestabilidad provocada por el entorno, de forma inducida o sugestionada por nosotros mismos. De difícil autocontrol, y capaz de cambiar el mundo.

El universo de las emociones y su compleja interacción es quizá, lo que más diferentes nos hace a otras especies con la que convivimos, y de un mundo artificial incapaz de simular un universo tan complejo. Siendo uno de los activadores principales, LA COMUNICACIÓN.
El comportamiento de dependencia no es atribuible a las tecnologías actuales en exclusividad, es atribuible a la esencia del Ser Humano. Hace pocos años la curiosidad se acotaba a nuestro entorno más cercano, a nuestras capacidades de análisis, y a los medios a los que teníamos acceso, mucho más limitados a los actuales, y menos eficientes en la velocidad de transmisión de lo que queríamos comunicar.
HOY se alimenta de forma imparable a través de medios y tecnologías mucho más eficientes en la transmisión de los contenidos, como las redes sociales, los dispositivos móviles y del acceso a un mundo global de contenidos “casi infinito”.

De ahí que tengamos esa sensación de dependencia de las tecnologías. Un enganche que sucede de la “sed” de comunicación y del placer de compartir todo y obtener respuesta. De esta reflexión se deduce que LAS TECNOLOGÍAS NO SON LAS CULPABLES. Es el Ser Humano:

– Por la falta de educación en valores, que compromete un criterio adecuado de los contenidos

– Por la falta de regulación y control mercantil de las tecnologías

– Por la falta de formación en las herramientas, y de protocolos de uso regulados

– Por la inferencia de los gobiernos, que según les conviene controlan más o menos.

Por la deontología, o donde poner el límite mercantil/ético al diseñar una solución tecnológica que satisface una necesidad. La ética de mercadear con los beneficios co-laterales que se producen. Por ejemplo los datos personales.

Por la Posverdad. El resultado del mal uso y la enorme confusión que generan conceptos como democracia, democratización de los contenidos, democratización de las tecnologías, LIBERTAD, libertad de expresión, derechos…

En definitiva el responsable SIEMPRE es el Ser Humano en cada una de sus intervenciones de la cadena.

El conflicto, no es trivial, porque la razón de ser de los diseñadores es crear soluciones que sacien necesidades. Al fin y al cabo, es lícito hacer negocios y crear algo que se “necesita” porque vende. ¿Pero vale todo? Yo creo que no.

Es necesario regular mercantilmente la tecnología que maneja contenidos.

¿Por qué?, un cuchillo sirve para cortar la carne, un hacha para cortar leña, la dinamita para volar montañas y facilitar la creación de túneles, puentes y vías de tren. Pero también sirven para otros propósitos. A las tecnologías que manejan contenidos y datos hoy en día deberían ser reguladas bajo este prisma. Se les puede considerar armas. No me estoy poniendo drástico, me rijo por un esquema de valores que me hacen pensar que realmente son armas muy poderosas. La facilidad de comunicación con las tecnologías actuales deja un hueco “abierto” y sin control para poder ser utilizadas con las peores de las intenciones. Solo hace falta leer las noticias de hoy mismo. (Por cierto, leerlas de diversos medios, que si no es muy probable que no tengas la historia entera…)

Insisto en mi idea de replicar y amplificar La Vida, para poder hacer lo que no se puede hacer, estar donde no se puede estar, ser lo que no se puede ser, ir donde no se puede ir. Poniendo al ser humano en el centro de la acción, diseñando esa acción bajo un control del contenido que vamos a crear, con un criterio basado en Valores, donde los criterios de regulación de los mismos estén certificados de alguna forma, y no dejar hueco, por el hecho de que la tecnología sea de tan fácil acceso y uso, a aquellos que en nombre de la democracia, la libertad de expresión, y otros recursos bien “vistos”, en realidad esconden malas intenciones para el resto de la humanidad.

Repensemos la forma en la que aprendimos, reconstruyamos la razón de ser del Ser Humano, en su condición de especie, de colectivo y de individuo.”

Si te interesa la filosofía aplicada a la tecnología, no te pierdas la programación de abril del Club The Place.

Autor: José Luis Navarro, Socio y Co-fundador de inMediaStudio

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