Hackers, crackers, black hat, cerders, pharmers, war drivers, defacers, wizards, spammers; las nomenclaturas de los piratas informáticos son tan variadas como los delitos que persiguen y su desconocimiento generalizado favorece sus crímenes.

Las estadísticas son demoledoras. Tres de cada cuatro empresas han sufrido un ciberataque en España en lo que va de año,  y en 2018 se registraron en nuestro país 38.000 ciberataques, 189 de ellos, críticos; según datos de Deloitte y el Centro Criptológico Nacional, respectivamente.

En 2017, el año del ciberataque masivo de WannaCry, casi una séptima parte de la población mundial, 978 millones de personas, padecieron el hackeo de alguno de sus dispositivos. La ciberdelincuencia es un fenómeno que crece año tras año con consecuencias, en muchos casos, devastadoras para usuarios, empresas e instituciones.

El termómetro de la actualidad

La actualidad es un buen termómetro para valorar el estado de la cuestión. En los últimos días, el CNI ha destapado un ciberataque masivo al tribunal y a los fiscales del “procés” del que se han jactado en Twitter desde Anonymous Catalonia. La pasada semana, Estados Unidos atacó a Irán y hackeó su sistema de misiles; y el Ministerio de Defensa ruso anticipa, a través de Sputnik, su medio de cabecera, que “en un futuro próximo se espera que aumente la presión informática contra los representantes del mando de las Fuerzas Armadas de Rusia de todos los niveles”.

La guerra también se ha transformado y ahora es digital. La ciberseguridad es una de las cuestiones más trascendentes de la geopolítica actual, tal y como muestran las inestables relaciones entre Estados Unidos y China, a vueltas con el espionaje de los dispositivos de Huawei, con el trasfondo de una batalla por el control del 5G, la red que facilitará y promoverá el Internet de las Cosas gracias a la práctica eliminación de la latencia.

La seguridad y el 5G

El 5G supondrá sin duda una revolución que afectará profundamente a la vida de las personas con un nivel de exposición tecnológica inimaginable hasta hace pocos años. Y también supondrá un nuevo reto para la seguridad. Aunque los expertos aseguran que la nueva generación es más segura, la sobreexposición que generará la nueva infraestructura hará más graves los daños de las intrusiones.

El director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Félix Sanz Roldán, ha advertido recientemente, en un evento de El Independiente, que “está en juego nuestra seguridad como ciudadanos, sí, y también como Estado”. “La próxima soberanía no será tan territorial como hasta ahora, sino que estará marcada más por la posesión de los datos”. “Los países serán soberanos sólo si logran proteger la seguridad de sus datos”.

Es cierto que la sociedad en general, las empresas y las administraciones han tomado conciencia de la relevancia de la ciberseguridad en los últimos años, pero aún hay muchos usuarios, pequeñas empresas e instituciones que no han sido capaces de afrontar el reto, bien por desconocimiento o por falta de recursos.

En su afán divulgativo, The Place, el espacio de innovación y experimentación de The Valley, organiza el próximo 18 de julio una jornada Explore bajo el título Ciberseguridad: hacia un mundo hackeable, que contará con profesionales de primer nivel como Adolfo Hernández, responsable de Ciberdefensa Avanzada del Banco Sabadell, Pablo Montoliu, responsable de Información e Innovación en AON, y Javier Candau, jefe del Departamento de Seguridad del Centro Criptológico Nacional, dependiente del CNI.

Una de las voces más autorizadas para hablar de ciberseguridad, Sanz Roldán, aboga por “colaborar entre empresas y administración para mejorar la seguridad”. Una buena clave estratégica para abordar la profunda transformación digital que se avecina o, como él mismo explica, “lo mejor para que el futuro no venga lleno de malas sorpresas, y que venga lleno de oportunidades”.

Autor: José Suárez de Lezo

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