Querida pequeña científica:

Te escribo este artículo porque hoy he comenzado el día leyendo unas cifras sobre el número de mujeres investigadoras y en puestos de liderazgo que, aunque  las imaginaba, no por eso dejan de asombrarme cuando veo los números en papel. Y no tengo tan claro de que escriba para poder darte una respuesta a ti, que tienes toda una carrera profesional por labrarte, sino para calmar a la niña que fui, cuyas ganas de obtener respuestas a los porqués  y de aprender cosas nuevas, me ha convertido, recordando la conversación con Alberto Levy en The Place, en una “promiscua intelectual” ya de adulta. Porque como dice Jane Goodall, si te obsesiona el saber cómo suceden las cosas y el por qué suceden, entonces seguramente lleves dentro de ti a una futura investigadora.  Así que, lanzo ahora solo algunos de los interrogantes que cobran forma en mi cabeza con la esperanza de despertar cuantos más mejor en cada uno de vosotros.

¿Por qué hay tanta desigualdad en este tipo de profesiones?

Pese a los avances de los últimos años, al igual que ocurre en otros ámbitos, el sesgo para contratar a mujeres y la brecha salarial sigue siendo notable también en la ciencia y la tecnología. Según el foro Económico Mundial las investigadoras europeas cobran un 18% menos que sus compañeros pero lo dramático es que, según su estimación, hasta el año 2133 no se llegará a la igualdad económica entre hombre y mujeres. Lo cual implica que, si estás ahora en primaria o en el instituto, no vas a vivir en igualdad real de condiciones con tus compañeros, ni lo hará tu hija.  Tal vez lo vea tu nieta.

La economía digital  y el desarrollo de la tecnología demandan actualmente, y cada vez lo harán más,  profesionales que vengan de una formación en las carreras conocidas como STEM, siglas en inglés de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas. Pero, curiosamente, son las que menos penetración tienen dentro de los estudiantes españoles, y en las que más tasa de abandono vemos. Por lo tanto, vamos encaminados a un desfase entre la demanda del mercado laboral y la preparación de profesionales ya sean hombres o mujeres.

¿Por qué se tiene la idea de que las carreras de ciencias e ingenierías son cosa de hombres?

Existe aún la idea de que para realizar determinadas estudios se necesitan unas cualidades que vienen de forma innata en los hombres. Aún recuerdo cuando yo estaba en el instituto y se asociaba las carreras de ciencias con una mayor dificultad y, por lo tanto, había que ser más listo para elegirlas. ¿Cuál es la conclusión de esto? ¿Qué los chicos son más listos? ¿Por qué se piensa que a las mujeres se nos dan mejor las carreras de letras, las que conllevan habilidades comunicativas o que implican cuidar a los demás?. Se ha demostrado que no existe ninguna razón científica que justifique este tipo de pensamiento y, sin embargo, están muy arraigados en los procesos de socialización y educación. Estas ideas llegan a niños y niñas desde sus padres, la familia, los amigos, los docentes y la comunidad en general. Y todos estos mensajes forjan sus creencias, su identidad, su comportamiento y sus decisiones. La consecuencia es que en estos campos las mujeres no llegan a ocupar las plazas de investigadoras que les corresponderían teniendo en cuenta su formación. Y tampoco ocupan puestos de dirección y de toma de decisiones.

Claro que cuesta más a las mujeres, pero no por el hecho de ser mujer en sí, sino porque tienen que hacer un esfuerzo mayor para demostrar a los demás que sí pueden, para no dejarse influir por comentarios desmotivadores, para obviar las diferencias salariales y luchar por puestos de responsabilidad con una legislación que no favorece la conciliación, y que empuja a las mujeres a solicitar jornadas continuas o reducidas, que impiden su crecimiento profesional.

¿Por qué no hay referentes femeninos?

Mi hija, que ahora tiene 10 años, desde muy pequeña ha manifestado su intención de ser profesora, y eso refleja el papel tan importante que los maestros tienen en la vida de los niños como referentes a la hora de despertar vocaciones. Seguramente cambiará de idea cuando tenga la edad para decidir qué estudiar porque, entre otras cosas, habrá profesiones en ese momento que aún no existen. Pero, si desde edades tempranas tienen cerca en la escuela o en la familia personas que les enseñan que las investigadoras no son bichos raros, casos excepcionales, o que las tecnólogas no son unas frikis que visten raro, y tienen comportamientos poco sociales, como ya se encargan de parodiar algunas series, estaremos dando alas para que las pequeñas estudiantes puedan elegir qué hacer con una libertad real. Entiendo que es difícil cuando según datos del Ministerio de Economía tan solo el 8% de profesoras de Universidad son de ingeniería.

Aunque es complicado tener referentes en España cuando, según la Unesco, solo el 18% de los profesionales que trabajan en el sector tecnológico son mujeres. Por eso, y ya que el número de mujeres es menor, necesitamos que tengan una mayor visibilidad. Y los premios es una forma de dársela. Y aquí va otro dato significativo. De las 860 personas laureadas con el Nobel, solo 51 han sido mujeres, de las cuales 19 lo han recibido por sus logros científicos.

Está claro que en la infancia la curiosidad y la imaginación no entiende de géneros. A medida que pasan los años aparecen los frenos a esos impulsos, y empiezan a recibir mensajes que calan de forma muy profunda. Si se nos educa con expectativas diferentes, ¿qué vamos a esperar? Lo preocupante es que esos frenos empiezan a aparecer muy pronto. Según un estudio de tres Universidades de Estados Unidos publicada por  la revista Science,  y realizada a 400 niñas y niños entre 5 y 7 años, al proponerles juegos para identificar personajes inteligentes a los 5 años, todos lo identificaban con su género, mientras que con solo 1 o 2 años más ya empezaban a asociar el personaje inteligente con el hombre.

Solo si conseguimos eliminar las desigualdades lograremos extraer el mejor talento de los individuos. Así daremos forma a una sociedad con más posibilidades de avanzar, más justa y más equilibrada.

Recuerdo las palabras de Isabelle Vernos, jefa del grupo de regulación genómica y miembro del Consejo Científico del European Research Council, cuando en una entrevista se le preguntaba sobre qué se puede hacer para animar a las niñas a estudiar carreras de ciencias. Su contestación fue: “¡No desanimarlas!. Creo que con eso ya habremos empezamos a hacer bastante.

Así que pequeña futura científica o tecnóloga te animo a soñar, a mantener tu mente siempre hambrienta, dispuesta a encontrar respuestas a continuas preguntas. Hay muchísimo por hacer, por trabajar, por descubrir, y tu aportación, tenlo por seguro, será muy valiosa.

Te dejo, como ejemplo, los nombres de algunas científicas, investigadoras y tecnólogas que han servido de inspiración. Tanto a mujeres como a hombres.

ADA LOVELACE Primera programadora de la historia.

ÁNGELA RUIZ ROBLES Inventora y precursora del libro electrónico.

MARY KENNETH KELLER Religiosa católica, primera mujer doctora en informática en Estados Unidos. Desarrolló el lenguaje de programación BASIC

SHIRLEY ANN JACKSON Física nuclear. Primera mujer afroamericana en doctorarse en el MIT.  

RADIA PERLMAN  Considerada la madre de Internet. Su mayor contribución fue la creación del protocolo STP.

KATHARINE BURR BLODGETT Científica estadounidense, inventora del cristal no reflectante.

NANCY ROMAN Astrónoma y madre del Hubble.

JEANETTE HOLDEN. Genetista investigadora del autismo.

Isabel Núñez, Content Factory Manager en The Valley

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