Como cada inicio de verano desde hace algunos años, aparece un fenómeno viral en forma de App que desborda nuestras redes que se suele caracterizar por:

  1. Estar diseñado para móvil, algo que permite un uso intensivo durante los tiempos de ocio del verano
  2. Es gratuito y accesible para cualquier público
  3. Su reclamo se basa en aplicar tecnología “de última generación” y acercarla al público masivo

Ahí tenemos juegos como Pokémon Go, basado en geolocalización y realidad aumentada; el concurso Q12, en streaming y con participación multitudinaria en tiempo real; y este verano toca FaceApp, la app que aplica filtros basados en IA a tus fotos para envejecerte. Sin embargo, el fenómeno en torno a esta App va más allá de lo divertido que pueda ser vernos envejecidos, y es que es muy representativo de algunas tendencias que están marcando 2019.

La Inteligencia Artificial está en nuestras vidas, y no nos molesta

FaceApp es, en esencia, una app de edición de fotografías que surgió en 2017 y que ya tuvo su momento hype. Sin embargo, su gran baza es que utiliza Inteligencia Artificial para retocar las fotos y conseguir aplicar arrugas donde las tiene que aplicar; encanecer el pelo, o incluso manchar la piel a unos niveles de detalle muy elevados. 

Y esa es la palabra clave en todo esto: “detalle”. Comparando resultados entre lo que podía hacer en 2017 (aquí un ejemplo de un artículo de Xataca) y lo que hace ahora, los avances de su IA son sobresalientes, y eso solo ha podido conseguirse con mucho entrenamiento de sus redes neuronales

En concreto y para tu curiosidad, utiliza Redes Generativas Antagónicas (GAN, en inglés) como proceso de aprendizaje continuo que consiste, a grandes rasgos, en dos redes: una crea imágenes, y otra le dice si se acerca o no a lo que debería ser según un % de semejanza usando como referencia una extensa base de datos de imágenes de personas, con perdón, “viejas”. De esta forma la App sube el selfie a sus servidores y genera una nueva modificando los elementos que caracterizan la vejez, consiguiendo en segundos un resultado que a cualquier diseñador experto le llevaría mínimo 1 hora de trabajo manual. 

Lo realmente llamativo es cómo se ha generalizado el uso de la Inteligencia Artificial en nuestro día a día y cómo adoptamos su uso con más confianza (¿o desconocimiento?). Así, hablar con Alexa o Siri ya no nos resulta extraño, y aceptamos encantados las recomendaciones de Spotify en su Radar de Novedades. A este ritmo, ver coches autónomos o relacionarnos de forma natural con asistentes virtuales no se nos hará tan violento como pensábamos.

Cuando todos somos influencers

FaceApp llevaba meses sin generar ningún tipo de interés. Sin embargo, el 11 de julio se empezó a “escuchar” algo de ruido en la red. Alguien había resucitado la App, algún artículo comparando a futbolistas canosos para rellenar el verano… y el resto es historia. Las búsquedas en Google se dispararon, las descargas crecieron de forma logarítmica y las RRSS se plagaron de personas envejecidas. 

Búsquedas en Google de FaceApp – Google Trends

 

Evolución de descargas de FaceApp desde su lanzamiento – fuente Statista

 

Ruido generado por FaceApp – fuente Brand24

Cabe destacar que el efecto no hubiera sido el mismo de no ser por la polémica en torno al origen ruso de la app y sus posibles implicaciones, el cual avivó las conversaciones y tornó las búsquedas hacia “faceapp privacidad” o “faceapp rusia”.

Pero lo representativo de todo esto es observar la rapidez con la que se propaga un evento actualmente a través de la red, convirtiendo a cada usuario en un nodo multiplicador / influencer que traslada la información sin, admitámoslo, cuestionar en exceso la calidad de la misma. Basta con que sea medianamente interesante, morbosa o sencillamente divertida. Algo que por sí mismo parece inocente, pero que en el presente contexto de fake news e información de baja calidad, este tipo de comportamiento impulsivo (consumir -> like -> compartir) contribuye más aún a la desinformación y al ruido en la red tan comunes en la actualidad. 

La privacidad sí nos importa, o eso decimos

Hablando de desinformación, ¿cómo de relevante era que FaceApp fuese desarrollada por una empresa rusa? Ateniéndonos a que la seguridad de la App no había llamado la atención en las Apple / Play Stores correspondientes; que con certeza estuviera alojada en servidores de Amazon (los cuales están en Irlanda, EEUU… pero no en Rusia) y que los trackers que descarga en los dispositivos pertenecen a Facebook y Google (los habituales), lo único más potencialmente peligroso eran los permisos para usar la cámara y acceder a las fotos. Funciones que aceptamos alegremente con casi cualquier App (Instagram, Whatsapp, Uber, Wallapop…), tras la que siempre puede haber un personaje / gobierno con intenciones malvadas… quién sabe.

Al margen queda el hecho de que no puedan usar nuestras fotos para entrenar su IA, ya que sin información adicional que complemente la foto ni nos identifique, poco puede hacer. Ya existen ingentes bases para estos propósitos.

Justificado o no, el origen ruso de FaceApp ha sido tan o más relevante para el hype que la calidad de sus fotos, y ha hecho saltar las alarmas de muchos usuarios acerca de la privacidad de sus datos, una tendencia en auge y en mi opinión, la más positiva de las tres. Tendencia que coincide con el carácter cada vez más personal de los datos digitales que almacenamos, como tarjetas de crédito, historiales médicos o información de reconocimiento biométrico… como nuestra cara. Que por cierto, ya se usa para identificación de criminales mediante cámaras de vigilancia y sistemas de IA, y si tienes un iPhone X o cualquier dispositivo con reconocimiento facial, no habrás tardado en activar los pagos mediante este sistema de verificación. Que no es infalible, por cierto.

Resumiendo

En definitiva y como aprendizaje de FaceApp, antes de descargar una App, registrarte en una página o realizar una transacción recuerda:

  1. Si algo es gratis, es que tú eres el producto (ya se dice mucho, pero hay que insistir)
  2. Cada vez que un servicio o aplicación te pida permiso para acceder a información, pregúntate si realmente les hace falta, y plantéate si necesitas usarla
  3. Lee la política de privacidad y los términos de uso. Aunque sea un poco

Y sobre todo, evita la frase “que me roben mis datos si quieren, mi vida es aburrida y no van a encontrar nada interesante”. Es cierto que lo valioso es la información agregada de miles de datos, pero en este caso no estás defendiendo tus datos, sino tu derecho a tener una vida privada y aburrida… pero ante todo, privada.

Autor: Alejandro García, Marketing Expert y profesor en The Valley

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